miércoles, 15 de marzo de 2017

Santa Euforia de los Silencios

Si abro la panza con bisturí de nácar o de palabra habrá vísceras y eso no es más incómodo que tenerlas dentro: entrañas que rebalsan gruesas mariposas de grasas vegetales y sabia savia de cantos graves como el sonido de Saturno si se graban sus emisiones energéticas, entrañas que te abrirán la piel entonces más sangre brotará entre las grietas porque su filo de carne cruda es implacable con las manos abiertas. Que no te sorprenda jamás tanta belleza de caverna inquieta, de arraigo que no cesa y te increpa en los mares de tu rabia, por años estabilizada y serena, se hacen fuertes los cardúmenes que se silencian, ¡y ya no más! ¡basta de tanta hoguera! Esta vez solo será lo crudo, no habrá tiempo para pensar en cenizas porque el ahora es bien fresco y jugoso, nada sabe de humos, sólo alimenta al fuego en su estado más puro de recién nacido que grita fuerte, que abre a su madre, que quiere vivir pero mientras tanto mata y corta lo sólido, seca lo húmedo.  Ahora se flota adentro de una entraña que ha visto la luz. Se está. Se sostiene la espesura de sangre en la gota que pende de una altiva mariposa en pleno vuelo. Ella es la Diosa, la verdadera iridiscencia, el sostén de todo arraigo con la tierra que te parió, amigo mío, no estamos solos en esta contienda, no temas a tu desnudez más rancia porque llegamos al tuétano de la existencia mientras nos vamos cocinando en un caldo que el sol prepara con flechas de cielo para atravesarnos el corazón que entonces ya no latirá porque seremos guiso.
¡Abran cancha que viene la sangre!
¡Levanten los puentes! ¡pasen!
Aquí no cabe un alma, moriremos de aplastamiento. Tal vez.
O vendrá por nuestra redención la Santa Euforia de los Silencios.

Y nos besará los pies como tantos Cristos han hecho sin resultado más que una buena patada en plena cara y la pérdida parcial de una dentadura abatida por la dureza del pan de la historia, repetida hasta el hartazgo, repetida hasta hacerme llorar, repetida tantas veces como un mantra ciego, repetida hasta memorizar cuántos pelos tiene en la axila esa señora llamada Esperanza, repetida hasta que un día alguien se suicidó porque no quería volver a ver la cara de la historia que le voló tantas veces los dientes a Cristo hasta dejarlo mudo y de paso un poco sordo del golpe, repetida tantas veces que unos cuántos volvieron a suicidarse pero Cristo sigue poniendo la mejilla y vos le decís ¡no! ¡pará! ¡besale otra parte del cuerpo! Pero es tarde. Parece que los ciclos se cumplen inexorablemente y llega la parca para sonreír en medio del campo mientras patea cráneos tan enterrados en esa tierra hueca que apenas se sobresalen un poco pero vos sabés que son muertos porque está Ella, la redentora, que vendrá a obedecernos porque queremos destrucción sin retorno, ya no querremos esto, ya no más repetición de los ciclos de esta historia obtusa, ya no más, Parquita, pero no, mis pies dejalos, siento que voy a darte una patada en plena cara, siento que te hablo pero no me escuchás ya porque esto capaz sea un sueño, Parca ¡no me beses los pies! Que voy a golpearte, Parca, Parquita, ¡cuidado! Es peligroso, tal vez no puedas, tal vez no seas, tal vez no, ¿qué pasa? ¿qué es lo que vuela? ¿este manojo de huesos es la esperanza? Cuidado, estoy tan sola, ¿dónde está el tuétano? Santa Euforia de los Silencios…

jueves, 2 de marzo de 2017

que hablen ellos

La vaquita de San Antonio un día se sacó el nombre, y voló
Liviana sobre pezones agrietados vio pasar un tren dormido
Madres tiesas, niños fríos, comían bichos del destino
Ella avanza, ya no es vaca
Ella avanza, ya no es santa
Sin Antonio y sin olvido vuela sobre los caminos
A los peces les avisa que no suban
Los pollitos hacen fila mientras vuelan
A escuchar secretos de su pequeña abuela
Redondita, con manchitas, les cuenta que no vengan

Que no rompan el huevo para qué nacer.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Las abejas son devueltas a sus pétalos.
Liban acaso
por última vez.
No pesan ya sus cuerpos.
¡Ardan soles! Arrullen su vuelo.
Nada retumba en este campo.
Sólo se oyen sus pasos.
Han traído insectos.

Hoy se llevan la miel.

d

La Rural

En La Rural, una vaquita hermosa se niega a seguir el paso, llevada por un tipo desde una soga que tiene atada a su morro agujereado. El tipo tira y tira de la soga. Ella se niega y clava sus patitas en la arena, pero tiene que seguir: se rinde. Yo la miro y me pregunto si no habrá sido un pequeño triunfo en medio de una desgracia. A su alrededor se aglomeran los hombres que la tienen cautiva, los caballos de los granaderos, hermosos y amansados, los ladrones de las tierras argentinas, los asesinos de nuestros pueblos originarios, los asesinos de la Patagonia Rebelde, los ricos más codiciosos de nuestro país y sus crías humanas, vestidas con ponchos caros, a su alrededor ella ve que se agitan unas telas que son nuestra bandera nacional, tomadas por manos sucias de sangre de señoras de bien y lentes negros, a su alrededor gritan "¡Si se puede!" y es un estertor vacío que rebota en las paredes de los edificios, y ella No Puede escapar, y su lenguaje es otro, el de amamantar, pero su cría ya no está, y se aglomeran todos para gritar esas palabras metálicas, hay un presidente que mira su celular con cara de aburrido mientras toma de la mano a su hija que está vestida con piel de zorro, el presidente se ubica detrás de un tal Etchevere, que parece ser su feje y sonríe con un entusiasmo turbio, y la vaquita no quiere seguir el paso. Sabe que a su alrededor están celebrando una fiesta, la fiesta de la Industria de la Muerte, su propia muerte, la Muerte de los Inocentes, y celebran también las Muertes de los pueblos originarios, la Muerte de los anarquistas, y esas Muertes oye la vaquita como susurros en el viento que acaricia el pelo suave de sus orejitas, esas Muertes que evocan un árbol cualquiera del campo libre tierra adentro, un algarrobo o tal vez un viejo tala... a su alrededor celebran la Muerte porque los hombres de la Sociedad Rural alimentan sus cajas fuertes con el oro de la Muerte, y dicen ser argentinos, y lucen sus banderas blanquicelestes, allí están, todos amontonados para festejar que les llegó la hora, que la Fiesta recién empieza, ¡¡preparen, apunten, fuego!! y sus cajas revientan de oro rojo, tocan la trompeta, anuncian el discurso y la vaquita los mira a través de los adornos que le pusieron alrededor de sus ojos, esa vaquita somos nosotros, esa vaquita viva, que van a despedazar. Ojalá algún día podamos sentirlo en el cuero. Nuestra existencia en su propio cuero.  Nuestro cuero en su nobleza, en la pureza de su sangre tibia que forma ríos invisibles de desesperación. Una vaca argentina. "Esto es sólo el comienzo", dice Etchevere, y todos aplauden.

d

viernes, 23 de septiembre de 2016


Desde esta ceguera veo los restos que ha dejado atrás 
un monstruo inútil.
Detrás de mis ojos, que fueron incinerados, 
hay cunas que arden.
En esta misma ceguera encuentro 
una paz de bóvedas sin nombre, 
y rezo alabanzas.
Sé que aún se podía mirar a los ojos sin pagar. 
Lo sé. Fue ayer. Vi tus ojos. Era mi sueño.
Arrebatado el chispazo de luz en las pupilas, roída la gracia de las aves que sobrevuelan esta ciudad, desde mi ceguera construyo un castillo con la memoria.  
Parada en la cima de una montaña de mentiras el cielo bosteza, porque el sol se aburre de iluminar tanta farsa. 
Me tapo la cara con las manos, y recuerdo que fue entonces cuando ya no pude imaginarte. 
Hubiera sido fácil habitarte, o al menos dibujar tu hermosa mirada en el centro de la palma de mi mano, pero me olvidé. 
Hubo luz, hubo tanto. 
Detrás de la lluvia que nubla mis ojos los niños cantan, 
y amo, y el tiempo es un papelito 
que tiembla en el confín 
de mis ojos abiertos.

d


jueves, 11 de agosto de 2016

Alpinista

Voy subiendo las montañas que tiemblan dentro mío,
intento avanzar,
alcanzar las alturas,
y el ascenso implica
contemplar los abismos.
En ellos planean los cóndores menos vistos.
Al llegar a la próxima piedra
ofrendaré humildemente
un corazón incesante
(entonces un ángel incaico sonríe
y amasa soles de arcilla tras un largo camino)
En mi pecho reflota el latido.
El ángel y yo cantamos una canción.
Nadie nos oye.
Y en el hueco vacío
Se renuevan los ciclos.
Amasar.
Amar.
Arar.
germino el vacío
con semillas de cimas.

miércoles, 18 de mayo de 2016

María Victoria Luna

Siempre creí que estabas lejos.
Temí lo peor. Pero sentía tu respiración.

Algo me pasa esta noche, que pienso en todo esto. Tal vez me embriagué con este vino barato, para escaparme a otro mundo, para salir de mí. Porque no podía seguir tolerando el ritmo idiota de la vida en esta ciudad que parece muerta. Sea como sea siempre, aún mirándote frente a frente, tus ojos eran barrancos por los que se oía trinar los pájaros más tristes y más suicidas que yo recuerde, y eso que te tenía enfrente, deshilachando una vieja historia que antes del antes más anterior seguramente había sido real, había sido buena, había sido linda. De todas maneras no estás. No estabas cuando me lo contabas. Ni estás ahora, cuando pienso que fácilmente puedo confundirme las alegres florcitas rojas de un vestido con manchas de sangre que no coaguló. De hecho lo hago. Y se parecen. No sé cuando sangro. No siento cuando la piel de mi alma se abre, nadie me enseñó a hacerlo, debería saber percibir de qué manera duele el desgajamiento del alma partida en varios pedazos. Pero no. Sigo adelante pensando que estoy entera, y que mi alma, que nunca supe qué es, pero respira, es un alma incólumne que permanece erguida frente a la desolación de la soledad. Que mi alma no sangra, que mi sangre no mana. Son las cosas de la vida. Pero hay momentos en los que por alguna razón  se escapa,  y el vino se derrama en mis ojos, entonces todo lo que se acomodaba en su lugar de pronto se pierde. Y por donde se va la sangre escapa la comodidad, a veces por esa misma hendija se me ha ido la sonrisa, o el mate de la mañana, o la capacidad misma de madrugar para poder dar clases. Por esa misma ventana no he podido ver el bosque. Pero borbotones de sangre ha manado, y yo ni mú. Yo sólo supe que estaba abierta. Pero nada de olfato, sólo una leve intuición, es como un andar detrás de mí misma, pensando que quizá en algún momento encuentre un diamante, o una canción, o una llave, o un corazón. Cosas que se aprenden cuando una es niña. Hundida en el silencio más enemigo y menos dramático, ese silencio de día miércoles, hago un repaso mental de mi caída, y pienso que me decían, María Victoria Luna, ella se cayó. Se calló. Se calló y se cayó. Cual si fuera una gota, que en su mismo silencio cae por la desmesura de la tristeza que ya no se sostiene seca, y debe mojar la piel, la gota cae y calla, como María Victoria, que hace de mi vida un poco su propia historia, pero ella no soy yo, María es mi abuela, hace apenas dos semanas supe su segundo nombre, que es Victoria y me gusta, me enamora, gracias abuela, habitante de mi sangre, por morirme con tu grito silencioso me has llamado a esta noche, a un paso de las tres de la mañana, cuando las ánimas se despiertan a lo más oscuro del filo de la sombra, pero aún en ese horror veré luz porque desde un pasado que vuelve rescato la expresión de tu rostro cansado, por haber soportado el alcohol de Carlitos, por haberte inmolado en tu hija que paría sus hijos, y sí, abuela, te moriste cuando yo apenas era un retoño, aunque podría tener algún recuerdo pero no hay caso, que no, pero se abrió una ventana adentro de tus ojos, fueron  barrancos por los que oí trinar los pájaros más tristes y más suicidas que yo recuerde.

d.

lunes, 4 de abril de 2016

Al indiferente

Tocar el llanto del cielo con el lomo.
Penetrar el líquido, que tu mano se moje
Con agua salada.
Encender farolas en cada lágrima.
Y que su peso al caer se expanda.
Tocar el llanto del trabajador con el hueso.
Desnudarse de carne, llegar al tuétano.
Sentir así el filo del dolor en serio.
Congelar el aire. Quedarse quieto.
Mirar entonces hacia el fondo
Del hombre y su tormento.
Hacer silencio.
Amasarlo entre nosotros.
El silencio ante el dolor.
Dolor, dolor nuestro.
Y alimentar el alma
Con el pan del respeto.
Sólo así el grito de guerra
Emergerá, profundo
Y hará un pozo en el cielo,
Un pozo de libertad
Por el que enfrentar
Tanta Enfermedad
TAN
Oscura Impunidad.




domingo, 3 de abril de 2016

Miro la danza de un hipocampo.
Toco su panza con la punta de mi dedo.
Pequeño cuerpo que tiembla en silencio
Sumergido en la oscuridad
más tierna.
Lejos de la cacería sangrienta,
jinete que cabalga
su gran inocencia.


d.

jueves, 3 de marzo de 2016

mhuremborje

Gira el pez en la órbita del sueño
Y el hombre abarca, oculto entre sus párpados,
Las ventanas de todos los cielos.

Gira el pez. Las heridas son circulares.
La mujer inhala vapores de hierbas, baila,
Su cuerpo de almeja se limpia de sal.

Tibios, duermen.
Sus bocas destilan el eco del mar.

Y sueñan que habitan 
cual peces el día.
Orbitan.

d.

viernes, 26 de febrero de 2016

<>

El fuego narra. Si no encendemos una llama, jamás podremos contar la historia.

...

Vaciar la casa de un abuelo, regar las plantas sobrevivientes, morirme de risa con mi vieja frente al inerte patetismo, ablandarme por dentro y buscarme niña enana curiosa como observando el museo familiar de objetos que te miran, me hizo pensar que la memoria es tan creativa... sin imaginación no hay recuerdos. Pero sin memoria no hay historia. Entonces, por un momento, pareciera que lo vivido es un invento. El relato de uno mismo se pierde en los caprichos de un teatro antiguo... el presente es lo más. Momento de sacar los pinceles y pintar otra historia.

domingo, 20 de diciembre de 2015

ONIRIGRAMA




envidio a las nubes que te arropan al caer

en el barranco del absurdo


viernes, 4 de diciembre de 2015


No hace falta

hablar diez minutos. Habrá cantado un pájaro mojado en una rama oblicua mientras llueve: me hará sonreír.
oler con deleite tu pan al mediodía, un pan de oro que no querré comer para evitar destruirlo.
de ninguna manera, sentarme frente a vos sobre una montaña de diamantes y barro, no hará más falta esa cosa tan abismal, de subir y bajar de allí para besarte.
Tampoco quiero más esa manera bestial de meterte en mi cuerpo: Ya No se Aguanta luego tan grande Ausencia. No será necesario un soñar tan intenso, tan proporcional al misterio que te pinta el aire oscuro cuando me mirás inoportuno.
Sólo entender que dentro mío hay una montaña.
Tomar mis botas, un poco de abrigo, y subirla. Dejarte detrás. Llegar a la cima, encender una antorcha, y llorar.

martes, 27 de octubre de 2015

7

Lunes Naranja Nuestro Orígen
Tus manos vertían Siempre
Las cartas en su caja
Bien podrían arder fatuas

Martes Verde de la vida
Flores crudas, plastilina
Vos y yo, nuestro intento
La fugacidad del momento

Miércoles Rojo Fusilamiento
Desprevenidos
Deshilachados
Desaprehendidos

Jueves Azul de campanas
Aves de lejos, botella del mar
Tu barco y el mío una vez más
Íbamos a naufragar. Lejos.

Viernes Amarillo
Lo que supimos no lo vimos
Hay una rueda de vicio
Subimos

Sábado Gris de los cuerpos
Lo que de vos queda en mí
El deseo al fin se hace muerte
De todo lo bueno

Domingo Negro
El Diluvio
La Herida
Desapego

Volví.

d.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Recuerdo a la luna caída dentro de un pozo. Hay un hombre parado en tierra firme, mirando hacia el fondo. Mira hacia abajo y sabe que ese pálido círculo que gime viene del cielo, y el hombre también sabe cómo sacarla de ahí, porque tiene en su bolsillo un hilo blando de nácar, tejido por sus abuelos y vuelto a tejer por sus padres y así sucesivamente sucedería, pero lo siente en su mano sin querer usarlo para subirla hacia él suavemente como volando, porque ese hilo fue tejido para salvar lunas. Pero él solo la mira: esta luna morirá. El mundo se quedará entonces más solo, porque durante la noche ya nadie tendrá ánimo de amar ni llanto que llorar, y la marea no subirá. Nadie verá una gema suspendida en la hondura de la existencia, faro en el cielo como flor salvaje sin tiempo, y nadie ubicará su hogar en el centro de la nada, porque sin luna será una orfandad que come vacíos.
Nadie sabe que el futuro de la esperanza humana permanece anudado en el bolsillo del hombre que observa impávido al fondo de un pozo.

Indalea.


martes, 9 de junio de 2015

Makandal en el mar de mi hogar. Más de una isla.

¿había una baldosa floja y me caí?
¿había, hace diez minutos,
un cristal roto, su filo,
un maremoto de niño, un delfín?

o es que acaso vi la la luna
madurar en tu mirada,
y llenaba orillas de pestañas,
y con gracia de perla buena rodaba...

¿pudo haber sido el enchastre del barro?
¿la fila de soberbios, la cola de los bancos?
¿pudo el tuétano Violeta permanecer,
pudo la sombra haberse bañado en su luz?

o es que un día se izaron las velas
de un barco valiente sobre los mares del mundo
la nave que empujan tus ojos con fuerza
abriendo camino en la aguas, profundos brazos de luz.

¿hablan los portales? ¿lloran, de pronto, estas ventanas?
¿se vuelven animados los objetos más tontos de mi casa?
¿qué dice, entonces, esta lámpara de sal, qué dirán las piedras,
los frascos, el cable del teléfono, qué cantarán los lápices al pueblo de las sábanas?


o es que ha caído una gota de esperanza 
y el ámbito de la hondura se hizo pluma...
se desataron los secretos del fuego, los secretos de los sueños del cielo,
y Makandal llamó a los libros, y los libros montaron vuelo, 
y los pájaros de rama en rama piaron la alegría
y comprenden el idioma eléctrico que hablan todas las cosas del mundo, 
y si la luna venía, dulce perla de armonía, 
este pobre corazón, antes pequeño, ahora vibra, 
y si el barco pretendía anclar en esta isla, 
¡bienvenidos, animados!
que ahora los pájaros saben,
los pájaros de nuestra historia
esos pájaros del alma, son pájaros reales,
vengan, que ahora ellos, que ahora son aves,
que ahora es el cielo que no tiene miedo,
 ¡que ruede la luna con gracia! 
¡hogares de altamar! 
ilusiones peregrinas, 
¡bienvenidas!

d

sábado, 25 de abril de 2015

Farolas


Que se revuelvan los mares, 
que golfoscorrientes marinas,
 bahías y puertos
que naves y muelles 
se abrumen de viento.
Sus muertos avanzan hacia la vida sin pausa
son todos los animales que avanzan
y acuden a la marcha ballenas
perlas ovaladas llaman a sus crías
avanzan con fuerza, todas las dulces criaturas de la tierra
las que no descansan, se entrelazan
se eslabonan como pasionarias, se espiralan
no hay miedo, no hay distancia, solo placenta
placenta de aire, placenta de mares
para llegar en olas a batir las arenas
para poblar las ciudades con la voz de la pena
para nutrir los surcos de una sangre nueva
y los muertos, que rían, que avanzan hacia la vida
envueltos en el viento de la verdadera alegría
la alegría de los que no tienen nada
la alegría que avanza hacia la orilla
en ramos de remolinos, en pétalos enfurecidos
y ellos ofrecen su letra que canta, y laten sus frutos
y ofrendan la vida, nada importa ellos avanzan porque cabalgan
despiertos de amor, provistos de luz
que muchos olvidan pero los vivos bailan en la orilla
los vivos que viven no olvidan, 
sanan la herida, saben que los buenos muertos
nos guían nos aman nos iluminan.

miércoles, 1 de abril de 2015


 Poesía Incierta
dentro del día:
Cae una pera madura sobre la pausa,
se hace blanda la tierra,
la espuma,
la gota del alma.
Destello inútil, instantánea.
Escurrida entre las horas
de un domingo lleno de sol
poesía chorreante, resbala
en la piel que hoy regué,
 capullos, otoños, abiertos me miran
desde la nave en la sonrisa
de mi hermano
quien trae en sus manos un vino
que hizo brotar de su boca el cielo
que se comparte, y un momento de paz,
 un instante de credulidad encendida.
Poesía Incierta adentro de jarras,
adentro de pechos,
adentro de lámparas
poesía del átomo de la hoja en blanco.
Poesía Incierta en el viento
que embolsa los sueños
él vaga lánguido por Buenos Aires
hace el amor, ama y lo sabe,
ingresa en mi casa,
viento del día,
viento del alma,
Poesía Incierta de plumas, de nácar, de libros.
Poesía en las cajas: se hamaca liviana
en el fondo de una mirada. Mis ojos ven.
Y yo los miro, los odio, los amo,
los veo mis ojos chinos,
mis ojos quietos,
se hamaca en ellos
cada porción de mí.
Mis ojos que caen, mis ojos necios,
Poesía Incierta del regreso.
Volver es un viaje de ida,
volver a sembrarte, olvidarte,
rozarte con el tacto de un cuerpo sin carne.
Poesía. 16-3-2015

jueves, 24 de octubre de 2013

Con muy poco se hace a la vida vibrar. Lo importante es siempre un detalle... abrí los ojos

martes, 30 de julio de 2013

A Roberto García Otero, alma en vuelo.

Un poeta se marcha. Al irse deja la estela de un sueño tatuado en la piel del cielo. A veces próspero, a veces maldito… la marca de un sueño profundo conocerá otros colores. Tal vez hable su letra desde el futuro. Su letra de luz caminante. Y pueda contar que la soledad era una quimera. Me siento frente a mí misma y medito. Te imagino caminando por tu casa, ordenando cassetes al mediodía. Tu casa al mediodía, el único lugar del mundo que fue hermoso a esa hora en mí. Plantas bajo el ventanal del techo. Zitarrosa, la radio en silencio. Vos ponías la mesa en ceremonia, le servías al amor una copa de vino sonriendo. Con vos el mediodía era elegante. Mi mediodía del centro de la poesía. La amasadura al fuego en tu casa pequeña, cocer lo invisible, el pan más nutritivo. Tu ancha espalda naranja sumida en la cocción titila entre mis papeles y se profundiza, traída desde muy lejos en tu vida. Abro mis cuadernos para invocarte y te veo caminar, leo en la luz de tu cuerpo todos los poemas del fuego sagrado que me acercaste. En todas las hojas tu voz fosforescente me anima, en la distancia las cuerdas de otro tiempo me llevan a tu rostro lejano, dónde podré encontrarte, no entiendo que ahora estás más presente que antes y caíste en mi vida con un peso delicado. Norte definitivo, esta intersección de pérdida y abrazo de olas frescas, olor a hojas atardecidas en último ardor. Acuden al futuro tus huellas, todos los rastros de tu letra devenidos astros de vitalidad, como nunca antes lo animado se impone y rompe la barrera del tiempo. Me siento frente a vos. Te miro. Estoy soñando. Tus pasos en la ciudad se humedecen, son pasos de musgo, son musgo de tu caminar blando. Aguardo tu palabra. Se fijará en el núcleo de mi alma. No puedo callar y todo te lo advierto, que estarás rendido, que te cuides, que me mires y me digas algo. Crecen párpados florecidos de cada pie tuyo, pies ya livianos. Ojos de criaturas que vuelan. Te despido y hay una escalera. Transmuta un poeta al irse, caracol de nube alerta, porque si no hay arco iris en tus horas, si no hay otro vacío sideral pero nuevo, porque si no hay más rayos y cantos y luciérnagas acercándote al oído el resplandor más urgente, si no hay mujeres desnudándote yo no habré aceptado esto y habré fijado el desvío en la muerte y habré traído tu faro a la noche cerrada. Pero hay más que eso. Hay animales en libertad, pájaros guerreros. Miradas soberanas te acompañan. Pies de musgo, no teman, salten: hay más. Febrero 2013, Cosquín

lunes, 15 de julio de 2013

Arrancar de cero me gusta. Todo parece nuevo y dispuesto a florecer, el punto cero es como la mañana recién nacida. Lo que se ha construido tal vez muera. No me importa. Que se muera todo periódicamente, el vacío llena espacios de luciérnagas madres, que fueron soles, que absorbieron la sabiduría del rayo, y parirán vuelos entre los brazos de la oscuridad. Aprender de la muerte. Depurar al demonio, explotarlo con bombas de almas que pujan en olas fecundas. Excava en el cuerpo un dolor. La huesera junta mis restos. Gracias a ella puedo decir esto, genero lazos con la vida cadavéricamente mientras la vieja sonríe. ¿Por qué sonríe? ¿sabe algo oculto del amor que lloro? ¿insinúa que finalmente amaré, disuelta en mi sopor? ¿temor? ¿quién dijo temor? ¿alguien me habla? Miedo: maestro tirano, en la fábula sustraerás la leche más gris que puedas beber, metálico extractor de jade en mis pechos. Turgencia de la juventud en otros ojos fuera de mí que no me miran. Masculino andar cerca del río de la paz… carácter voluptuoso de la pasadilla tu máscara de muerte roja me persigue pero no soy una princesa, igual me toca siempre morir. Infectada de luces de advertencia, luces de iridiscencia, luces de esperanza pueril. Luces de la discordia en el péndulo que cuelga de mi cabeza. Letra que contamina o manzana gira la tarde fresca. Da igual. Que muera lo que se ha construido. ¡Que alimente el rumbo circular de la vida! Que la luz igual emerge caprichosa y erguida, terraza filosa del faro. A mi tristeza de soledad. Beso la hiel amparada en una quimera, fui bruja a mi tiempo, ahora solo huesos pesados, la vieja sabiamente los une, y hace un ademán misterioso en mi sueño.

sábado, 9 de junio de 2012

En el rayo a veces me quema la rodilla y cuando puedo le doy besos redondos. No estoy para mí, o no lo estaba. En este momento lo único que sucede es que fluyo por el placer de una música inagotable que me llena el alma a borbotones de deleite inacabable. La soledad es el bálsamo que protege mi secreto del mundo, con sus lindas piernas ella se balancea herida y con olor a beso, le suena la rodilla y su pie suspendido en el aire dibuja lo que falta en la pared, circulitos de ritmo cada vez más disueltos y más resueltos, de vez en cuando su respiración le recorre el cuerpo todo con intención medicinal, todo lo que sucede es bueno cuando anestesia y vio entonces cómo se desataban frente a ella los lugares perpetuos de la memoria que insiste, esas cosas quietas de un pasado a veces idílico y hasta qué límite se expandirá la honestidad de la memoria que siempre hace trampa inventando planetas que son el nido de telarañas donde moran los pichones de la locura más desgarradora que te atormenta a dolores la panza y los huesos, bajo qué parámetros baila tu hermosura pequeña dama inofensiva que quiere que la domestiquen? señorita suelta! con todos sus amuletos gastados y muchos palacios en ruinas nunca detiene su marcha usted, vea cual obstinación le sacude las ideas y su mente lagarta yo sé que puede reposar a tomar sol en la piedra más plana, enorme y caliente que encuentre, esa otra inmovilidad de magia que desde un permanecer habla, con esas palabras amigas de lo eterno por allá en el monte en donde el papa río asesina poderosamente con su vigorosa salud salvaje pero hacia dónde va, pequeña ladronzuela de avispas? Usted tiene un rumbo fijo que corre hacia ahora dejando que el agua vaya al mar, o su obstinación es tan grande que el propio correr de sus aguas proviene de un deshielo que al amanecer muere? Pasó Mayo claramente, ayer tiré trapos viejos, monstrúo y sonrío sola, bailan mis piernas. Estoy para mí, estoy para mí, un poquito así… transcurriendo al sol lento que llora de noche porque no lo vemos… d.

miércoles, 21 de marzo de 2012

subo yo desde acá

Marinero, me he enamorado de un sueño cuando pisaba la playa descalza
caminé horas buscando un jade
era del aire oportuno, en otro tiempo
caminé queriendo tenerlo entre las manos para abrir
la caja del buen sueño
llave de jade con alas de viento
matiné mental de silencio calmo, de paz real, en el eje del centro su movimiento

de mariposa polvo azul que se derrama sobre los bao babs
sobre eucalitos y otros árboles sin nombre
spinettos que se yerguen tranquilos en las tierras bajas de México y miran
miran las piedras con serpientes altas que miran
al cielo inscriptas
desde el fondo del tiempo
y el jade como mariposa sobrevuela un aire viejo y mira
y mira las serpientes mayas
tal vez mis ojos acompañen su vuelo una tarde
quizás emprenda
un viaje místico hacia tu mar marinero
y puedan descifrar el camino de tu barco
de éste lado y del otro
porque de una orilla a la otra vas
porque te soplo despacio y muevo
tu minúsculo cuerpo celeste de cosmos pintado en mi mente
príncipe de sueños nuevos
vamos al bosque la próxima
vamos, uh uh
sigamos el jade
píntate de verde las manos
con ellas mueves
mueves


d.

jueves, 23 de febrero de 2012

Morí por la Belleza - pero apenas estaba
Acomodada en la Tumba
Pusieron a Uno que murió por la Verdad
En un Cuarto contiguo -

Él me preguntó con voz suave "Por qué morí"
"Por la Belleza", le respondí-
"Y yo -por la Verdad - Son lo mismo las Dos -
Somos Hermanos", dijo -

Y así, como Parientes, nos conocimos una Noche -
Hablamos entre los Cuartos -
Hasta que el Musgo nos llegó a los labios -
Y cubrió - nuestros nombres -


Emily Dickinson, 1862.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Haber mar

Un soplo en una avenida que se lleve todo, basta una piedra que ruede en los caminos del azar y me preguntaré bajo los polvos secretos a dónde irán los colores cuando el viento arrecie, querré saber si la memoria cósmica habrá refugiado al menos la sonrisa de Gardel para la eternidad de la muerte… las farolas de esquinas pálidas, un paseo de Vincent que despejaba el cielo para pintarlo de lila y gris, la persistencia divinamente tierna de retoños primaverales, la hibernación calma de los osos en los polos del mundo y su ahogo en aguas calientes, suponer que la mañana te verá nacer en el primer día de lo que quede de vos, el correr del agua pesada y las eras geológicas envueltas en paquetes como caramelos, todo eso pasará por mi mente suponiendo que la inmanencia del espíritu persista a lo que vendrá, oculta… el espíritu de la vida misma quieto en los cristales de nieve a la espera de una nueva luz…
El nogal produce pequeñas nueces tempranas mientras la noche es extrañamente luminosa y apenas hay luna, tímidamente raja el cielo su línea curva y blanca entre nubes naranjas y un espacio detenido en el aire de lluvia. El helio baña la tierra. Basura de metal ametralla la ciudad a golpes de futuro y humo incierto de soberbia humana.
Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella Yo soy un operador financiero, a mí no me preocupa la crisis, si veo una oportunidad para hacer dinero, voy por ella
Bajo los polvos secretos el eco del cáncer. El miedo de hoy. Nogal que sigue trabajando para sus pequeñas nueces. Vincent extrajo el sueño de la tierra y nos lavó la mirada. Pincel en mano, desde el futuro te invoco, mi pobre cielo sucio cae.

d.

lunes, 23 de mayo de 2011

vishuda

Llamó a mi ventana un viento huérfano que traía frutas desconocidas… pensé que venía arremolinado desde el centro de la tierra, Vishuda generoso, trayendo sus regalos llenos de llorar…
este viento misterioso me hizo pensar en la verdad. Porque traía una tierra líquida, y un pedazo de cielo que rebotó en el vidrio, y fui a buscarlo al jardín, lo perseguí enredado entre las plantas, buscando su lugar en las piedras, se quedaba quieto justo en un tronco, justo en la madera. Y vi aire de tierra, pieles verdes con ojos humanos, ojos negros en pieles de otros mundos. Una luz en su fruta cegó mi conducta, unas uvas amargas me hicieron toser. ¿De dónde venía, cansado de haber traspasado los cuerpos? ¿por qué su tristeza, y el polvo gris de un mundo perdido? Este viento viene del mar. Y de sus cavernas ultramarinas. El fondo del océano es más cercano aun que nuestra propia existencia en esta pequeña frontera infinita, el occidente interior, la carne del reloj que nos late. Fueron los párpados transparentes de su mirada en calma, que bajaron como barcos naufragantes en los barrios de la tempestad moderna. “Vivimos dentro de una tormenta”, me dije. Pero esos barcos que se hundían en mi jardín mostraron que la turbulencia era inútil porque nuestro corazón es impermeable, y comprendí por qué los barcos siempre me provocaron nostalgia. Algo perdido estaba de vuelta, Vishuda en sus manos traía la fruta prohibida, la ignorancia, la humildad. Saboreando mi humanidad me saqué los zapatos. La tierra nunca había latido tan fuerte. El cosmos me hacía el amor. Vishuda y sus elefantes de brisa, la luz de los cuerpos, pedazos de cielos, auroras boreales y polos concéntricos… el misterioso momento de la meditación…
el silencio sagrado de la montaña y el río que nunca bebe de sus aguas.
Las macetas rebosantes de cielos quietos. Espuma en los ladrillos de mi pared. Mineral.
Nogal lleno de regalos, regalos llenos de llorar, gotas con inscripciones viejas.
Arena en el viento huérfano, lo raspa, y el sol en mi ventana quema.

Luego,
salí de mi casa.
Y pude vivir un rato, partir el huevo, romper al mundo.

Ahora, tras las piedras, mi destino cosido a la espalda de un gorrión que no sabe volar.

d.

sábado, 7 de mayo de 2011

lunes, 18 de abril de 2011

martes, 12 de abril de 2011

pantana

blanca daga de luz
sangre y cielo en llama eléctrica
dos lunas frenesí
dos lunas muertas
hachas que brillan al aterrizar abren lotos descargan
cuerpos azules en la tierra



vieja noche bagatela, ciclos del secreto en flor que ya se abrió mañana en vidrio
en espeso
pantano y todos los huesos
empujar un loto entre las lunas es este sueño de daga blanca
vi luz
ritmo duro nube negra y tonelada
cielo que no permite
clavado este sueño de luz
en llama eléctrica
ni viajes ni pájaros ni travesías

cóndor de agonía
dos lunas muertas
frenesí
descalzo brujo que observa
tierra roja resonante quema
ya púrpura, ya en cáncer de vida nueva
corcel del sueño
patea
daga de luz
dos lunas muertas

d
17/02/11

sábado, 28 de agosto de 2010

indenfensión

esos caballos de patas rotas saltaron porque levanté lo quebrado del suelo

el deseo
me asalta presente y vivo
esos caballos de patas rotas patean sin fuerza una luna en mi ojo y sangra
uno azul otro pálido y liso de fucsia en la boca
abren la vereda que no se hiere con nada
todos pateamos:
buscamos romper un huevo para ayudarte, gatita
esos caballos de patas rotas saltaron porque levanté tu agujero
de la puerta de casa
alzaría también el souvenir de quien mata
pero en secreto introduje la vida en tu médula
y la muerte a tu orilla sonríe por verte ya en paz
galopan sanos y prendidos a tu sueño unicornios
morís la velocidad kumulonimbus y un huevo se abre

saltá

d

sábado, 21 de agosto de 2010

martes, 27 de julio de 2010

tzuntzan

Tzin mandaba todo adentro, tenía un palo de raíces y mariposas secas con el que golpeaba a cada mensajero de la memoria y lo desmayaba. Y yo le sostenía la bolsa, un tejido mal hecho lleno de mensajeros desmayados. Algunos querían recapitularse constantemente, y en nuestros mediodías de medialunas ella toda pintada de sol como un trigo respingado me miraba vibrando esos hilos paradisíacos que le salían de los ojos y me llevaban las manos a cachetearlos cuando la angustia.

Tzin quería elegirlos. No admitía que se le cruzara por el campo ningún galope de melancolía, el manto de apatía cuando los momentos venían rara vez fallaba. Su apatía-heladera los frizaba. Huían despavoridos hacia el olvido.

El campo tierno pasto, sólo de árboles y langostas, sólo de plantaciones vastas y sólo de soles y lluvias, el campo solo, sólo campo solo mío-

Decía ella, que contaba con mi cariño para ponerse linda cuando algún color desprevenido escurría su rostro, yo inmediatamente me ponía un pincel en la boca y lamía todo su cuerpo, pintándolo nuevamente, y Tzin renacía con una carcajada que una tarde espantó pájaros.

El momento de la recapitulación sí que era doloroso. Cuando por fin elegía uno, después de largas noches de asamblea en su recinto interior (poblado de moscas) necesariamente debía yo aguardar silencio y meterme las manos en el bolsillo antes que abrazarla o pegarle una patada a la bolsa que colgaba de un árbol muy viejo que sólo tenía dos o tres ramitas vivas con flores de ciruelo que persistía. Entonces la veía revolcarse con la boca llena de insultos por el pasto, y de pronto se prendía fuego o le salían luciérnagas por las orejas.

Al alba de una de esas noches rituales recuerdo haber olido en el campo el aroma de una ciudad destruida, y cuando presté oído a mi dulce Tzin en trance, oí que sollozaba y unos truenos invadían su cabeza, retumbaban por todos lados… sabía que me tenía a unos metros hecho una liebre temblorosa, armado hasta los dientes, pero tuve suerte, nunca acudió a mí para que interviniera. No hubiera podido, tenían tal fuerza demoledora todos esos sueños pasados que mi peor mordida sólo hubiera dejado unos moretones en la rodilla de algún caballo melancólico, venido de aquellas tierras. Era toda piano, y yo todo mano, no podía la melodía en su lomo.

Porque cuando la música de su alma sonaba,
un infarto en mi espina dorsal me dejaba tieso.

Y justo cuando parecía que ella iba a perderse, justo cuando sentía un leve ahogamiento, sus tetas iluminadas por el sol rebotaban de manera hermosa y yo sabía que Tzin estaba amaneciendo con toda su cabellera de trigo fresco, y que venía a mi encuentro después de un largo viaje hacia adentro.

d

sábado, 3 de abril de 2010

te buscamos vanamente....

ni ecos ni bendiciones
no quiero eso en mi mesa vacía
esperanza puta verde
abraza una sombra de otra que canta en el patio tu nombre
poco
un tilo solitario brota
nada
de película gomosa sobre su guarida olvidada
polvo fósil
y su blanda estatua inmerecida
medalla desposeída, gata,
gatita Frida de oro fino en la frente
perla parda anónima anidando la noche
la heredera llora
amasa mi vientre
chupa hilos
pechos nocturnos
sólo mi voz la acaricia
y te llama Frida
patio sucio Frida
fondo oscuro Frida
baldosas traicioneras
Frida perla silenciosa

d

martes, 5 de enero de 2010

El arrabal ensoñado en almíbar
faro solitario
emisor de brisa iluminaria
canal fértil de golondrinas
y sin embargo a cuestas se llevan los días

ataúd ceniciento reposa en la arcilla
del invierno que se cuela
a merodear las palmeras del ecuador
serpiente que avanza tronco por tronco
gimoteo falto de espíritu
la batalla cernida sobre las playas
que son azules
sólo entre el espacio
que hay entre la sombra de la pared más pálida
y tu cuerpo vacío


¡vaya espiral de sienes ardientes
y corazones gastados en lechos fríos!
¡vaya preñez del ser más débil y más bello,
hundido en el terreno de dos enemigos!



darle espaldas al viento
como un cazador maltrecho que no cuenta
ni con media rama que le destine poder
bañarse en fuegos de imposibilidades viles
que amortizan un camino de tres baldosas
que sólo a paso firme y con llagas
acompaña suave a quien busca una verdad



el patio
que nunca fue de nadie
sostiene en su brizna leve
un llanto mío



la carne mustia
los pechos cubiertos
de tilos atardecidos
cabalgan la noche
y suman

suman dibujos

en la aureola de pozos que rodea tus ojos
tan hipnóticamente estrecha
que repele a la luna sobre un horizonte

arengando serena
a soñar con almíbar
aquel capullo de mentiras

guardianas de un arrabal destructor

d

jueves, 17 de diciembre de 2009

+

los astros, con ala veraniega
de hojas secas barro y madera
me sonríen
desde sus pedestales flotantes
y dentro de cada maceta
rugen leones de fuego

las mansas ciruelas
su reflujo de tiempo y tristeza
asienten con sus carnes deshechas
mientras la olla bulle
dulzores robados
de ellas

encima de las nubes plateadas y gordas crecen plantas que tiran
semillas y sementeras a mi jardín en diciembre
los astros, las ciruelas
la danza de la recolección sincera
tomando de cada dolor un color
de la muerte aburrida una sonrisa tranquila
permanecerá la piel arada de polvo
lo fraterno vuela y en el cielo da vueltas para venir
a chocarse con toda su pesadumbre humana
contra interfaces humanas y dedos nerviosos
la piedra
herida
la desconocida
golpea tu sueño con sus pechos de madre lunática
lo fraterno mea en las nubes
y en toda montaña
brama
la tormenta de conciencias nuevas

leones de mi tentempié
ciruelas sacramentales que aun hoy aguardan
el latir de su delicia
me redimo porque hay algo sagrado en todo esto
que da coletazos en la habitación mientras mato
mientras me dejo morir


d

lunes, 14 de diciembre de 2009

ui!

Miel
que cubre los labios
que besan al mundo indolentes
todo lo bello y perverso
puebla mares y desiertos
se posa en su rosa
se pega en la carne
y perdura
cual dios inútil en su remanso sujeto

Lengua
la de historia
la de pulular de muertes
y la que atraviesa mi boca
la que desliza su poro en pieles ardientes
impotente de mieles
inquieta insolente
capricho en el dulzor de luces que opacan
cuando revientan en mi derredor


la miel embriaga sin sangre

lengua que se pudre

y cae


d

jueves, 29 de octubre de 2009

:n

así como las formas nobles del sonido viajan
en los caminos del aire
y sus hadas madrinas vuelan
danzando sus músicas en círculos y serpentinas
y todo lo transforman lo traducen
a fiestas sonoras
de inmensidad o rincones
cavidades o espacios lumínicos
de esa manera alquímica,
en el lenguaje que sueñan las manos cuando sienten calor,
así, como el agua del río que corre hacia ella misma y todo lo llena
materializo tu espíritu de montañas besadas,
sin herrumbre,
abiertas mis piernas en un invierno como viento nadan en la misma nada
de tu ebullición harto volcánica y te atraviesan
mi desnudez absoluta ciñe el valle ulterior a las cumbres de tus ojos
proyecta y cuida en su vientre
la sombra interior que te multiplica siguiendo el ritmo
de las emanaciones del sol,
mi cuerpo te calla te silencia muerde las islas lunáticas
que han sido incendiadas en alcoholes
han sido inyectadas por todos los ruidos de un cosmos virgen

avisto

con tu agua en mis cuerdas vocales una orilla
más infinita que el amor
vengo hambrienta loba hiena hinchada de mi misma
miserable y también luz
amanecerte amanecerte amanecerte siempre
tu arena dorada, el fuego del sol me marca
muto...
soy piedra que rueda.... piedra que ama
me iré como arena en los caminos del aire
me iré a soñar en tu espalda
amanecerte es girar en mi
volver a ser
renacer
partir

d

miércoles, 10 de diciembre de 2008

~

"
QUINTO MISTERIO
La lenta rotación del agua, alrededor de su variada naturaleza. Su oscilación entre la paz de los vasos y las inundaciones. Tal vez sea un mineral; o un ser mitológico; o una planta, una liana, enredando continentes, islas. Puede ser un animal, pez inmenso, que se tragó oscuridades y abismos, con todas las caracolas, anémonas, delfines, ballenas y tesoros naufragados. Desearía tener tal vez la definición de las piedras; y nunca se define. Invisible, visible. Traspasable. Dura. Enemiga. Amiga. Existen los huracanes, las trombas marinas. ¿Golpes de aletas? y también las nubes, frutos que, maduros, caen como lluvia. El pez las absorbe y crece. ¿Entonces este pez, verde y ramal, de plata y sal se nutre de sí mismo? ¿Bebe su propia sed? ¿Come su hambre? ¿Nada en sí mismo? No sabremos jamás sobre ese ente fugitivo, lustral, dentro de las pupilas.
No sé por lo tanto si lo veo; si es él el que se ve.
"
Osmán Lins
Retablo de Santa Juana Carolina
de Nove, Novena

jueves, 9 de octubre de 2008

variar

les feuilles mortes
Remedios Varo


Muda. Serena y verde; dibujada con líneas de otro cuerpo,





(...) Seré árbol, seré Dafne, crecen en mí raíces afirmándome a este colchón de hierba inconclusa, para poder hamacarme sin movimiento en tu existencia y permanecer dormida en el raudal vertiginoso de aquel par de ojos amarillos que miran humedecidos con las gotas de su brillo (...)








(...) lo que tengo para guarecerme se desprendería de mí, caería aplastante un día como sus manojos de hojas, algo externo lo pujaría con magia como trayendo al mundo el goce de no ser ya en este cuerpo de mármol pero estoy en mí y ese par de círculos de fuego que me queman de un verano que jamás me dará calor giran allá arriba y hacen nidos en mi vientre con gaviotas hambrientas a las que alimento con un viento ajeno, el único intermediario que une a tu cuerpo y el mío pegado a mí, viento que teje su historia con hilos de dolorosa espera, seré Dafne y como un bramido animal de guerra clamo que nada podrá moverme ya de aquí.
Silencio


d

lunes, 6 de octubre de 2008

martes, 30 de septiembre de 2008

//

después del ruido vendrá el paraíso divino
bajarán los ángeles que no habían caído y beberán de las bocas de los niños

después del ruido
absoluta sordera

no habrá sonido para ser oído ni músicas que amansen moribundas fieras
después del ruido
cuando una lágrima caiga no mojará
el viento dormido llevará las hojas sin crepitar

después de todo este ruido cada piedra será murmullo
de un secreto que nadie descubrirá
d

lunes, 29 de septiembre de 2008

raku

ante lo incoloro

miércoles, 24 de septiembre de 2008

étouffer

que no se digan las muchas cosas
báñenlas de silencio
rincón en donde duermen los sueños de los despiertos

hacen máquina y hacen nido
ronronean comprimidos
es una fina daga hecha de primaveras
que taladra un vientre desde otro mundo
inyectando en su calor opiáceo
aguas y cascabeles de amores absolutos
sólo allí, aunque no entrelacen la carne con las almas,
aunque los relojes partan su deseo,
aunque dejen como sobras los restos

en la nula trascendencia del tiempo,
sólo allí, en su divina gelatina animal,
podrán emitir luz

y eso basta

d

viernes, 19 de septiembre de 2008

viernes, 22 de agosto de 2008

crepúsculo bolivariano

lunes, 11 de agosto de 2008

alt.end

"
(...)
–Se veía venir –le digo–. Nuestra cultura era penosa, no tenía ligazón alguna con la trascendencia, ni siquiera con los dioses que decía adorar. Nuestra cultura se basaba
en conquistarlo todo, hasta el universo. Pura actividad sin fin.
Una carrera enloquecida hacia la nada.
(...)
"
Enrique Vila-Matas
Exploradores del abismo
Amé a Bo

viernes, 8 de agosto de 2008

he dibujado una balsa vacía
rompí sus remos con instinto de lápiz
sobre el blanco
flota
gris
en blanca hoja

luego
navegué ríos lánguidos
(esa vez también era invisible)
y lloraba

caprichosa balsa
seguía el curso del agua
de ríos derrelictos
ríos sangrantes
ríos míos pero de nadie

alcé la mirada hacia el oeste
algo quemaba la tarde
olió mal, olió a dolor
y salté de mi balsa al oír
un crepitar de árboles muertos
nadie lo vio
a ese humo maldito
cómo elevaba sus flancos dominios
rayando azules
cortando naranjas
pudriendo amarillos

y
mi balsa
seguía el curso del agua

mientras en lo alto inaudito
un pájaro atravesaba
llevando la dicha
el ojo del humo

lo descubrí
(y fui
intensamente feliz)

lo vi
salir


d