viernes, 4 de diciembre de 2015


No hace falta

hablar diez minutos. Habrá cantado un pájaro mojado en una rama oblicua mientras llueve: me hará sonreír.
oler con deleite tu pan al mediodía, un pan de oro que no querré comer para evitar destruirlo.
de ninguna manera, sentarme frente a vos sobre una montaña de diamantes y barro, no hará más falta esa cosa tan abismal, de subir y bajar de allí para besarte.
Tampoco quiero más esa manera bestial de meterte en mi cuerpo: Ya No se Aguanta luego tan grande Ausencia. No será necesario un soñar tan intenso, tan proporcional al misterio que te pinta el aire oscuro cuando me mirás inoportuno.
Sólo entender que dentro mío hay una montaña.
Tomar mis botas, un poco de abrigo, y subirla. Dejarte detrás. Llegar a la cima, encender una antorcha, y llorar.

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